Ganas de cambio

Hoy puedo decir orgullosa, que soy médico de familia. Lo digo hoy, 2 años y medio después de terminar la residencia, pero esto no fue así, aquel día en el que casi por obligación, porque no tenía muchas más opciones que elegir después de un examen que no fue lo que esperaba, hice mi elección en Madrid. Muchas dudas antes de hacerlo. Dudas que ahora supongo, eran por el desconocimiento que hay de esta esta especialidad y de todo lo que puede abarcar. Desconocimiento por mi parte, y también por parte de todos los que me rodeaban y veían la medicina de familia, como una especialidad de segunda.

La residencia, ha sido una de las mejores épocas de mi vida, pero no fue fácil y hubo sus altos y bajos. Al principio muchas cosas nuevas, demasiadas; mucha gente nueva, mucho desconocimiento, muchas dudas… pero poco a poco, y no sin alguna lágrima que otra en estos años, fui aprendiendo todo lo que podemos hacer, y lo importante que es nuestra especialidad como base del sistema sanitario. Tanto en el centro de salud, como en urgencias, somos la puerta de entrada del paciente. El primer contacto, la primera historia clínica, la primera exploración y tenemos el papel de hacer el primer diagnóstico y de tratar al paciente. Lo más frustrante, sobre todo en atención primaria, es que debido a la sobrecarga de pacientes en la consulta, a la limitación para pedir ciertas pruebas diagnósticas, para recetar ciertos tratamientos, incluso cuando tenemos el diagnóstico, y siendo el de primera elección; y debido a la exigencia de muchos pacientes que demanda una y otra vez que le derivemos al mal llamado “especialista”, nos vemos limitados para el diagnóstico y tratamiento de muchas patologías que podrían resolverse desde nuestras consultas.

Pero también me di cuenta de que en muchas ocasiones, la limitación se la pone el propio médico. En Urgencias, he visto a médicos de familia, atender catarros y dolores  de años de evolución, pero también los he visto a estos mismos médicos, atender un parto, tratar SCA, hacer fibrinólisis para ACV a través de videoconferencia con otro hospital, hacer artrocentesis, reducir luxaciones, atender a niños de todas las edades, cardiovertir arritmias cardiacas, hacer IOT, hacer toracocentesis, paracentesis, punción lumbar,  extraer cuerpo extraños en ojos, nariz, oídos, manejar la VMNI y a pacientes con tratamientos más propios de una UCI. Creo que todo esto ha sido por la suerte de escoger un hospital “pequeño” para hacer esta especialidad, en el que no todos los especialistas hacen guardias y en el que hay pocos residentes de otras especialidades, recayendo muchas de estas tareas en los médicos y residentes de familia, que se encuentran en la puerta.

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En el centro de salud, también caí pronto, en que no sólo estamos, para hacer recetas, partes de baja o derivar a otros compañeros. Me enseñaron a saber cuando si y cuando no era necesario hacer esas derivaciones, me enseñaron a tratar de la forma más cercana posible al enfermo y a intentar hacer educación sanitaria, aunque en esto creo que aún queda mucho por hacer y que no sólo puede depender de nosotros. También aprendí a hacer cirugía menor, que me encantaba y que aún hoy intento hacer cuando es posible, pude hacer infiltraciones de rodilla, hombro, codo… Aprendí a atender a pacientes fuera de la consulta, del centro de salud o del hospital, la asistencia extrahospitalaria. Intenté aprender a valorar retinografías, trabajo que hacían algunos de mis compañeros del centro de salud, al igual que otros hacían citologías o espirometrías.

Hoy, 2 años y medio después de terminar la residencia, soy consciente de lo importante y acertada que fue mi elección, la de especialidad y la del hospital y Centro de salud para formarme. En estos dos años, he hecho un poco de todo y no he parado de aprender.  Después de terminar, un par de meses en Urgencias del mismo hospital en el que me formé los 4 años de residencia  en el que ya conocía la forma de trabajo y a los compañeros, y que me sirvió para salir de forma más progresiva de esos años de confort, sin dejar de lado la atención primaria, con la que compaginé en una pequeña clínica privada.

Tras los primeros dos meses y con ganas de cambio, cambié de ciudad, me fui a Madrid, y casi de especialidad, dedicándome los siguientes meses, a la pediatría de centro de salud. Experiencia super enriquecedora, en la que durante 10 meses, supe lo que era llevar, seguir y gestionar tu propio cupo y en la que aprendí mucho de otra especialidad que me encanta.

Después de la pediatría, de aquí para allá, siempre por voluntad propia y porque trabajo no falta, me quedé en Urgencias de un hospital comarcal y de un CHARE, ambos hospitales pequeños, que al igual que en el que me formé son los que más me gustan, por la posibilidad y casi necesidad de técnicas que podemos hacer  y en los que sigo aprendiendo en cada guardia.

Así que sí, hoy ya no tengo dudas, de que no me equivoqué y lo volvería a hacer.

Auxi Sanchís Osuna

Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria

Promoción 2011-2015, CS Clara de Campoamor (Mairena del Aljarafe)

Zona Aljarafe de UDMFyC de Sevilla

3 comentarios sobre “Ganas de cambio

  1. ¡Que buenos momentos compartidos! Entre crioterapia y quistes sebáceos q quitar con alguna uña q extraer , hemos lidiado momentos para contener eso de quitarse todas “ las mijitas “ o “ repaso de chapa y pintura” , en esas sesiones de cirugía menor. Contar con vuestra ayuda fue esencial .¡gracias!

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