Un camino muy particular

24-10-17

Hola querido lector.

Soy Marta, especialista en Medicina de Familia (MF). Me dirijo a ti para contarte mi historia. Mi querida amiga, la misma que me convenció para plantearme Medicina de Familia como especialidad, me ha vuelto a convencer para que haga un pequeño relato de mi vida MIR y postMIR.

Yo, adicta a las catarsis literarias, he aceptado al vuelo la propuesta, reconociéndolo como una oportunidad para compartir con aquellas almas inocentes las experiencias vividas en la residencia, y sobretodo y casi más importante, la luz que llega al final del túnel.

Yo entré en Medicina porque, a pesar de que se me dieran muy bien muchas otras asignaturas, y tuviera inquietudes artísticas, me parecía que como carrera era la que mejor se adaptaba a mí y me parecía más interesante. Orientada desde el principio hacia la cirugía (exactamente Cía Plástica, imagínate), después de sacar una nota un poco menos de la esperada, me vi delante de un montón de especialidades “médicas” que no me hacían ni fu ni fa. Crisis existencial resuelta tras varias conversaciones con la almohada, terminé haciendo MF un poco para coger base y aprender un poco de todo, hacer un poco de cirugía menor y, finalmente, si me daba por repetir el MIR, ¿qué mejor que hacer un repaso de 4 años de toooooodas las especialidades?.

He recogido 2 extractos de un blog que tuve desde la carrera (digo “tuve” porque desde hace unos 2 años lo tengo “abandonaíto”) que creo que resumen perfectamente 2 momentos clave del MIR. El comienzo y la recta final. Estos momentos creo que son similares para muchos de nosotros, mentes inquietas con más intereses que la medicina (hay muchos artistas, historiadores, maestros, psicólogos, comentaristas de Sálvame y politiquillos escondidos bajo las batas blancas).

8-9-11

El MIR lo recuerdo agridulce. La preparación autista en casa, las semanas en pijama, los simulacros, los sábados fastidiada en la academia, el resultado, la insufrible espera con las pertinentes cábalas sobre tu puesto, y la noche antes de la elección de plaza.

Alguien debería decir un poco más en serio lo terrible que es esa noche. La previa al MIR es pasable…La de elección de plaza fue una de las peores de mi vida. Y aunque una vez elegido tu ranking sientes una liberación supracósmica, los momentos previos de duda sobre los próximos años de tu vida se hacen realmente insoportables.

Lamentablemente así lo viví yo. Y aunque afortunadamente ahora puedo decir que estoy muy contenta con mi elección (después de horas interminables de pros y contras), me queda la espinita de haber elegido en función de mi puesto. Contradictoriamente, muchas veces deseaba que así fuera, de manera que la difícil elección de especialidad o ciudad se viese por sí sola resuelta (prácticamente al final no tuve dudas respecto a este tema)…pero ya sabes querido lector, que mi ego está a flor de piel y con nada se siente herido.

Ahora está la etapa de la Medicina de Familia. Sí. Yo.

Una querida amiga, pobrecita mía, me dijo que no me veía de MF. Otra amiga igual de querida, por otro lado, me vendió las mieles de la especialidad…Y yo me leí en 6ºde carrera dos libros sobre médicos de familia convencidos, y terminó calando el mensaje.

Y yo me pregunto…cuando acabe la residencia, ¿seguiré tan convencida con mi elección?, ¿me habré hartado de sentirme menospreciada por la plebe? ¿seré una médico de cabecera querida por su cupo? ¿malviviré a base de guardias penosas?

Esto sólo el tiempo lo dirá, pero hasta que lleguemos a ese momento lo mejor es no preocuparse y poner buena cara a lo que venga.

 

—–3 años después——

7-7-14

Te puedo decir que era muy ingenua. Te puedo decir que no me equivocaba cuando me decía a mí misma que era una privilegiada por tener amigas con las que hacer alguna chuletilla en miniatura y comer bizcochos de chocolate escondidas en la Biblioteca. Te puedo decir que mi duda de ciudad o especialidad se vio cruelmente resuelta al darme una nota tan baja, definiendo/agriando un poco mi carácter. Te puedo decir que creo que la medicina de familia no era para mí tal y como sospechaba esa amiga, por muchos libros inspiradores que me leyera…aunque tampoco estoy segura de qué era verdaderamente para mí, ni si realmente lo hay. No es que no me guste la medicina, que me encanta, y en muchas de sus variantes… pero hay un punto gatillo, que no identifico o no quiero identificar, que me hace plantearme cuál es mi lugar idóneo y por qué no lo he encontrado todavía.

Y es que en unos 9-10 meses se acaba mi formación MIR, y yo no sé qué hacer.

No sé si lanzarme al mundo laboral y buscar un hueco que se adapte a mi formación, a pesar de la crisis, el paro y los contratos basura. No sé si volver a iniciar este ciclo de sumiso e inferior social dispuesto a ser explotado que implica ser residente de alguna especialidad de la que no estoy segura (ni creo que lo esté) que me permita un sueldo bajo pero relativamente asegurado durante 4 años, con la propina de otro título bajo el brazo.

No sé…No sé…

Me gustaría tener una bolita de cristal que me ayudara a ver qué pasaría si elijo un camino u otro, o tener una premonición o un aviso supracósmico que me indicara el camino a seguir.

Y ahora vuelve a girar de nuevo la rueda. Vuelven las dudas de dónde va a ir a parar cada uno, y yo no quiero tener la incertidumbre de si volveremos a separarnos aún más. No quiero, no quiero y no quiero.

 

Lo que marca la diferencia son 2 claves fundamentales: el lugar donde os desarrolléis como especialistas, y la gente que os rodea durante el camino.

-Para elegir la gente que os rodea, tenemos 2 variantes a su vez: Familia y amigos de antes (que es asunto vuestro), y los nuevos compis. Es crucial hacerte con un buen grupo de compañeros a lo largo de la residencia. En mi año, 7 MF, 1 internista y 1 traumatólogo, hicimos una piña envidiada por promociones venideras. Aunque por supuesto cada una éramos de nuestro padre y nuestra madre, encajábamos muy bien y las disputas no eran lo nuestro. Incluso en el último año hicimos un viaje de despedida a mi querida Lanzarote para celebrarlo (¡hiper-recomendable!).

-Para la decisión del lugar donde haréis la residencia, no os queda otra que informaros requetebién. En el caso de la MF es básico tener un buen tutor, porque te va a acompañar durante los 4 años, y 2 de ellos sentadito a tu lado. Va a esculpir la forma en la que llevas la consulta, aunque al final cada profesional termine desarrollando sus propios truquitos y manías.

Otro tema importantísimo es dónde realizarás las rotaciones hospitalarias. En el Distrito Aljarafe el hospital de referencia el el H.San Juan de Dios, un hospital comarcal, donde sólo rotamos residentes de familia (más 1 trauma y 1 internista). ¿Qué quiere decir? Que para cuando te toque rotar en cardio, serás tú el residente. En otro hospital de más nivel estará el resi de cardio, el resi de interna, el estudiante y al final del todo el pobre resi de familia…Ojo, esto implica que recibes toda la atención del adjunto para lo bueno y para lo malo, aprendes mucho, te obligas a estar actualizado por si te hacen preguntillas…¡pero así es como espabilamos!

El ambiente de un hospital pequeño creo que es mejor para nuestra formación. Todos los profesionales terminan conociéndose entre ellos. Las guardias están orientadas a que se vayan adaptando a tu desarrollo (siempre con adjuntos por la noche…otros centros no pueden decir lo mismo) y moviéndote en diferentes sitios como la puerta o la observación, con diferentes grados de responsabilidad.

Respecto a los centros de salud, tienen cierto ambiente rural todavía, aunque hay ciertas poblaciones “más pijas” que en el mismísmo centro de Sevilla. Hay variedad al gusto.

Durante esta etapa de rotaciones y guardias, iréis viendo dónde os sentís más cómodos. En mi caso, y como habéis leído en el post de mi etapa final Miriana que me pilló en horas bajas, ya sabía que las guardias de hospital no iban con mi manera de ver la vida. Las guardias del DCCU en cambio me ofrecían una variedad (salidas a domicilio y consulta en el centro) mucho más cercana a mi planteamiento laboral. El día a día de la consulta…hay que tener la piel muy curtida para llevarlo con ánimo (cosa que sin duda aprendí de mi tutor, no encontraréis a una persona con mejor disposición para el trabajo que él, ¡y la sonrisa siempre!).

Y ahora llega el momento de dar respuestas a las preguntas que me planteaba en mi 4º año de residencia.

¿Qué hago con mi vida?

Nada más terminar hice un curso de emergencias y trauma que me sirvió para sentirme segura ante lo desconocido. Fue una súper experiencia que repetiría cada año a modo de campamento de verano.

Tenía claro que guardias en hospital no. Probablemente buscaría un contratito de verano con el SAS para seguir haciendo lo que me resultaba cómodo: Pasar consulta y guardias en centro de salud. Fueron unos 3 meses muy bonitos porque te sientes verdaderamente adjunto, ya con una autoridad y también responsabilidad…Tomar decisiones se volvía cada vez más delicado (trasladar a una persona al hospital en ambulancia y dejar sin recursos a 7 pueblos durante 90 minutos es una decisión importante). Además estuve en una zona donde tenía que ir a pueblos bastante apartados, teniendo mi propia visión de la medicina más rural. Peeeero en el SAS se acaba lo bueno, y en Septiembre terminó mi contrato. Eso ya lo había previsto durante mi último año de residencia, así que me apunté a un Máster de Medicina Estética.

Para mí esto fue definitivamente la luz al final del túnel de la que os he hablado.

Era una salida laboral que juntaba la parte artística, manual, y médica. La formación como MF me venía fenomenal (sabes de nutrición, endocrino, cirugía menor, derma…). Además, no lo olvidemos, un máster da 3 puntos si no recuerdo mal. Fue una inversión, pero en mi caso, y como me había gustado desde siempre ese mundillo, disfruté cada minuto de la formación.

Mientras hacía el máster, indagué opciones laborales que me permitieran estar fuera unos días al mes para irme a Córdoba (que era donde se impartía). Así fue como llegué a la Medicina privada. Empecé a trabajar haciendo guardias de pediatría (ojo, pediatría, ¡yo, que nunca había soportado a los padres, ni los llantos!). El trabajo, aunque era hospitalario y eso me satura a mí un poco (estar encerrada 24h en un sitio sin ver la luz del sol y sin parar de trabajar…como que no va conmigo), resultó cómodo por la adaptabilidad de calendario. Incluso hubo un periodo que combiné guardias de hospital, un contrato de navidades en el SAS, y todo en el mismo curso del máster.

Finalmente me quedé con el contrato de guardias de pediatría, y así sigo hasta la fecha. La buena formación que tuve en el hospital y en el centro de salud me dieron las herramientas para llevar sin problema un a puerta de urgencias de pediatría. De hecho, me han hecho un contrato indefinido, con mis vacaciones pagadas, mis bajas, etc etc. Lujo que en el SAS ni me lo planteo.

Para rematar mi estado laboral actual, he empezado hace poco a combinarlo con una clínica, siendo la que lleva la unidad de medicina estética (tenemos también una sección de cirugía plástica).

Intento adaptar los dos trabajos (por ahora sin problema), y como podéis adivinar, mi proyecto ideal sería retirarme paulatinamente del mundo de las guardias y las noches fuera de casa, y dedicarme en exclusiva a la Med. Estética.

Este ha sido mi camino. Muy particular, sin duda. Lleno de altibajos, reflexiones, sin saber si encajaría…Lo importante es guiarnos por nuestro instinto, formarnos al máximo para estar preparado para lo que venga, y por supuesto saber que cada uno tiene que vivir su propio viaje.

Marta Bernal Reyes

Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria

Promoción 2011-2015, CS Ciudad Expo (Mairena del Aljarafe)

Zona Aljarafe de UDMFyC de Sevilla

2 comentarios sobre “Un camino muy particular

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